Eduardo Leñero
México
Empecé a escribir hace muchos años. Mi primer impulso fue después de ver la película El Cartero; quería hacer lo que hacía Neruda, así que primero intenté escribir poemas. Los cuentos vinieron mucho después.
En ese entonces, a Víctor Cuéllar le dio mucha risa que un poste de básquetbol como yo quisiera escribir poesía. Me miró fijamente, volteó a ver el tablero y me dijo: «Dime tú cómo haces para encestar canastas y te diré cómo escribir poesía». Tardé media vida en entender lo que me quiso decir.
No prometo nada. Solo cuentos. Puros cuentos.

El estilo de
Eduardo Leñero
Eduardo Leñero escribe desde un realismo animista: el mundo tiene alma propia y los objetos —un clóset, una mancha, un cuaderno. Su prosa es ceremonial y sensorial: antes de que la mente comprenda, el cuerpo se expresa, siente… experimenta. La infancia es territorio vivo al que se regresa físicamente. Sus criaturas fantásticas (la gota de noche, la bestia del bosque, la criatura en la ventana) no aterrorizan ni deslumbran: sino que acompañan, como figuras de un ritual antiguo. El color amarillo funciona como firma cromática que atraviesa toda la colección, convirtiendo cuentos individuales en capítulos de un mismo universo interior.
Lo sobrenatural como certeza corporal · «Umbral»
«Mi mente no contemplaba imposibles. Estaba seguro de lo que veía. Al adentrarme un poco más, mis hombros se adaptaron a la estrechez del acceso… Sin dolor ni presión, mi cuerpo se comprimía al ritmo de mis pasos.»
Simbolismo cromático · «Umbral»
«Las hojas de los árboles relucían con un amarillo tan intenso que dolía mirarlas. El agua de un arroyo… me pareció oro líquido. El cielo presentaba un matiz café que me recordó un lienzo antiguo.»
Criatura como compañía, no amenaza · «Niña»
«No sé por qué, pero su presencia me tranquilizó; había algo en su pelaje que parecía vibrar con una música sin sonido… aquella montaña de silencio me protegía de ese laberinto encantado.»
Prosa ritual y atmósfera densa · «Aleteos»
«La bruma había calado tanto en el pueblo que uno no podía decir con certeza dónde terminaba la neblina y dónde empezaba la piel.»
Intimidad filosófica · «Ecos»
«Desde antes de que las estrellas empezaran a cantar,» dijo finalmente… «Te conocí cuando solo éramos la promesa del próximo verso, esperando ser cantados.»