Me siento como un intruso en la morada de mi propia existencia. Algunas veces prefiero marchar de puntitas, para no ser visto, para no ser intruso. Soy intruso en las banquetas, en los pastos, en los escritorios y en cada silla. Lo que me hace intruso no es la fuerza con la que discurro, sino mi supervivencia. Me introduzco a cada rato en donde sea, y en donde sea soy intruso. Me siento como una esfera vasta, invisible y peregrina que se entromete en la permanencia muda de las gentes. Fui intruso de niño, de hijo y de padre, también lo he sido de hombre, y en todos los siempres. Algunas veces pienso inútilmente que otros han sido intrusos, pero aquí no hay más que las huellas de mis pies y la oscuridad.

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