Puros Cuentos

Cuentos breves con alma larga. Aquí las historias respiran lento, entre lo cotidiano y lo imposible.

Cuento de clase media.

Las horas transcurren aun sin mi consentimiento y las entrañas se me apretujan en un intento por llenar espacios.

Los años que antecedieron el centro de mi juventud, estaban repletos de días golosos en aquel piso tapizado de plata. Con cierta fortuna compramos una pila de chatarra, perfumada con aroma de manjar. No sabía que la abundancia me arruinaría sin dejar de precisar las delicias de la cúspide de mi juventud temprana.

Seguí la vida exquisita, y la vi secarse sin volver a florecer, como a la primavera desplomarse en otoño. Desde entonces cada noche me recuesto inútilmente, sin poder cerrar los ojos.

De los artefactos que compré con valores ajenos, no encontré nada que vender. Mi alacena persiste vacante y me acostumbré a dejar las compras sobre la mesa. En la mañana puedo engañar el hambre rebosante, para ceder mi porción a esos dos pequeños que comen hartos de inocencia.

Trabajo once horas para cobrar lo que no me pertenece, y resto un par de cubiertos a la hora de comer. En esos días que soy pobre, luzco deslumbrante para no advertir las miserias que albergo en mi cartera. En casa recuerdo que mi menesterosa existencia no me despoja de la fortuna de ser padre, y me acoge la ilusión de quienes esperan detrás de las faldas de quien lucha desde otro cuartel. Me miran como causa de la felicidad, y solo quisiera un billete para comprarles comidas como las de ayer.

Las gentes discurren como cada día, y mi cartera está vacía como la mesa de la cocina. El auto ya no camina y nos volvemos prisioneros sin andar, sin comer. Preparo una amalgama que apacigüe la glotonería que nos quedó de tiempos lejanos. Mi mujer traga cada bocado con el dolor causado por el despojo de la vida que nos prometimos. Me enloquece pensar que es martes y tengo que pepenar migajas para servirlas perfumadas con aroma de manjar.

Soy un espejismo errante de una clase social que no puedo afrontar, recordando aquellos días en los que, con mi amada, contemplaba las flores desde lo alto.

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